La era informativa llega a lo absurdo, al menos esa es mi opinión cuando hoy en día voy a un concierto. Cabe destacar que soy amigo de la fotografía, tengo una cámara de calidad y alguna vez me ha gustado hacer reportajes fotográficos de eventos antes de comenzar esta reflexión.
Parece que la era del móvil con cámara y las compactas en formato tarjeta que no te molestan llevarlas a cualquier lado ha llegado de pleno a las salas de conciertos y empiezo a preguntarme: ¿Para qué va la gente a un concierto? Comienzo a pensar que es para grabar la actuación con más que para disfrutar de ella. He llegado a ver más cámaras arriba que manos que agiten al ritmo. ¿Y todo para qué?
A veces recuerdo las escenas de concierto en las que las luces entre el público eran las llamas de mecheros que creaban un ambiente más que acogedor en temas lentos y profundos, hoy en día las luces entre el público no son menos sino muchas más, pero vienen del display de decenas de cámaras y teléfonos móviles haciendo fotografías y grabando videos de calidad pésima. El ambiente acogedor de que daba la luz de los mecheros se convierte un ambiente frio en el que aquellos que disfrutan del concierto y alzan sus manos o se mueven con el ritmo son simplemente molestos para la grabación de otros.

Claro, a todos nos gusta recordar ese concierto que tanto llenó aquel día en aquella sala. Pero ¿hasta qué punto la creación de ese recuerdo en formato digital influye sobre la creación del recuerdo en nuestra mente? Tengo la experiencia personal que cuando estás de fotógrafo en un concierto no disfrutas ni por asomo de éste, en comparación a asistir al concierto sin cámara. En el mejor de los casos disfrutas tanto de la fotografía que te compensa, pero por lo general estás buscando los mejores ajustes de la cámara, los mejores enfoques, las mejores posiciones, estás más pendiente de tu cámara que del concierto.
Lo que es triste en el caso de los “amateur”, con sus móviles y cámaras de baja calidad, es que tras perderte un concierto en el que estabas presente en cuerpo pero no en mente, un concierto en el que has molestado a muchos con tu cámara y muchos han sido molestos para ti por interponerse entre artista y tu objetivo; llegas a casa y vuelcas la tarjeta de memoria en el ordenador, y lo único que quedan son fotos desenfocadas y movidas, así como videos que se ven muy mal y son inaudibles.
Señores, dejen sus cámaras en casa o en los bolsillos. Se disfruta mucho más prestando plena atención a las actuaciones y lo que sucede, gozando la música del primer al último segundo. El resultado no compensa nada el trabajo y la falta de atención al concierto y no por último es molesto para otros.